EL TRABAJO UNA NUEVA REALIDAD Y UN NUEVO CONCEPTO

DIALOG.AR


Diálogo entre Alexandre Roig, Dr. en ciencias sociales y presidente de INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social), y Jorge Sola, Sec. Gral. de nuestro gremio, promoviendo temas de discusión y pensamiento acerca de la realidad y el futuro laboral de las trabajadoras y los trabajadores.

JORGE SOLA: Lo que tratamos de hacer, que los temas que tienen que ver con la realidad de los trabajadores, sean materia de pensamiento, de discusión, de ideas... Así que te agradezco la presencia. Me interesaría, desde tu construcción académica, desde el lugar que ocupas en el INAES, que empecemos a transitar, un concepto de qué es el trabajo hoy, qué es el trabajo en la Argentina básicamente, para tratar de ver qué diferencia hay entre el trabajo de la economía popular, que por ejemplo está tan en boga, y a veces tan disociado de lo que es el trabajo formal, pero que es una realidad que hoy se atraviesa. ¿Qué te parece a vos eso? ¿Cuál es el nuevo concepto de trabajo hoy en Argentina, donde hay una crisis también social y económica?
ALEXANDRE ROIG: Bueno, esa es la gran pregunta que me parece que se hacen en todas las sociedades hoy, no solamente la nuestra. Porque durante muchos años, sobre todo en sociedades que conocieron un proceso industrial profundo como en el caso de Argentina, en el proceso de organización del trabajo de tipo fordista, el trabajo era sinónimo de empleo. Es decir, que toda relación laboral era vista como una relación salarial. El problema es que con las transformaciones del capitalismo en Argentina y en muchos países industriales, la realidad del trabajo se fue heterogeneizando. Heterogeneizando significa que fue tomando varias formas, realidad que conocían otros países en el mundo, inclusive en nuestro continente donde no hubo ni pleno empleo ni pleno empleo industrial. En la mayoría de nuestro continente fue así. Argentina, Uruguay y Chile en cierta medida fueron una excepción en nuestro continente. Entonces, me parece que nosotros estamos redescubriendo la realidad del trabajo, que finalmente la realidad del empleo había opacado durante varias décadas. Desde el peronismo a esta parte ésta era una sociedad de pleno empleo y de empleo industrial. Entonces, en ese redescubrimiento de lo que es el trabajo, el trabajo vuelve a ser o vuelve a aparecer bajo su forma más radical, más simple que básicamente el trabajo es un proceso de transformación de la realidad material en términos más amplios, y que ese proceso de transformación de la realidad material puede tener varias formas. Una es el empleo que implica relación de dependencia, una relación salarial, un dispositivo jurídico vinculado a esa relación asimétrica que hay entre el empleador y el empleado. Pero también hay todo un conjunto de trabajos que siguen siendo trabajo en el sentido de que es transformación de la realidad material pero, que no son figuras de tipo empresariales; que durante muchos años también parte del discurso más neoliberal dijo: “Bueno, si no sos empleado, sos empresario…”
JS: Perdón… Te pongo algo ahí: ¿La creación del monotributista, digamos, es la idea de que es empresario de sí mismo también, o es una posibilidad de una salida económica antes que una posibilidad de otra condición social de trabajador?
AR: Y me parece que sí. La de la idea de monotributo un poco contribuyó a esa idea medio difusa entre el trabajador autónomo, que es casi un empresario de sí mismo. Ahora para mí el punto clave es que sigue siendo trabajador aquel que siempre está por debajo de cierto nivel de acumulación de capital, que no le permite tener una autonomía plena en el desarrollo de su actividad. O sea, dicho en otros términos más simples, que un trabajador sigue estando en una relación de dependencia con el capital y de estar sometido a una lógica con el capital. O dicho en otros términos, hay una relación de explotación con el capital. En la relación de empleo, esa relación de explotación está preestablecida, está formalizada, está identificada. En otras formas de trabajo esa relación está disimulada, no se percibe, no se construye. Que es distinto al empresario, que primero tiene el capital y después organiza el trabajo. El trabajador tiene su trabajo y en todo caso busca el capital para desarrollar su capacidad productiva. Pero esa inversión de la lógica es fundamental para distinguir entre trabajador y empresario. Entonces. Hay trabajadores que no son empleados y esos trabajadores tampoco son empresarios; esa realidad del trabajo nueva que va creciendo en volumen y en proporción. Es una realidad del trabajo que tenemos que redescubrir en Argentina.
JS: Bien. Te voy a meter seguramente en aprietos, pero porque ésta es una idea que esbozaste en alguna charla que hemos tenido informalmente, pero que me pareció interesante la idea que planteabas respecto de que el nivel salarial de los trabajadores hoy está en crisis, de los trabajadores formales, y que no pareciera ser que esté asociado, por ejemplo, a la crisis coyuntural que pasa a la Argentina, sino que vos te planteabas y que estabas pensando que podía ser una nueva fase del capitalismo y lo comparabas con algunos casos de Europa.
AR: Sí, efectivamente. Yo creo que ese punto es clave para avanzar en un diagnóstico sobre la situación de los trabajadores en el capitalismo contemporáneo. ¿Por qué? Porque la tendencia en los últimos 50 años, de los ‘70 a esta parte, en la cual a nivel mundial justamente entró en crisis el régimen fordista que implicaba —para aclarar— una relación 50-50 entre remuneración del trabajo y remuneración del capital, una dinámica ascendente de los derechos laborales, en una sociedad que asume que el trabajador está en una posición asimétrica en relación al capital del fordismo y que, a su vez, gran parte del desarrollo de los trabajadores era consistente con el desarrollo de los capitalistas, a través de los circuitos de consumo: el trabajador consume cada vez más, el capitalista se beneficia de ese consumo y hay un círculo virtuoso. Eso se rompió en los 70. En los países centrales y también en Argentina, con procesos distintos, justamente porque el capitalismo se fue financiarizando. ¿Qué significa que se fue financiarizando? Que cada vez más la ganancia del capital pasa por activos financieros y no por el trabajo productivo industrial. Creo que a esta altura del partido, más o menos, todos lo tenemos todos asumido; pero lo que no terminamos de asumir es cuáles son los efectos desde el punto de vista de la institucionalización del trabajo. Institucionalización del trabajo significa el punto de vista de la manera en la cual se organiza el conflicto entre capital y trabajo. Nosotros en el capitalismo industrial conocemos una forma particular que se llama los convenios colectivos de trabajo donde están los empleados, los empleadores, el Estado; el sistema tripartito que organiza el conflicto entre capital y trabajo. Es una institucionalización del mundo del trabajo. ¿Qué ocurre con la financiarización? No es que desaparecen los capitalistas, es que los capitalistas se ponen cada vez más mediaciones con el trabajo, disimulan cada vez más su relación con el trabajo, al punto tal que algunos piensan que ya no hay conflicto entre capital y trabajo.

JS: ¿Hay una educación que también debe ser emocional, en forma intrínseca con la cuestión curricular?
AR: Exactamente, en el mundo hay una idea de que el dinero se produce por sí mismo, que ya no es necesario el trabajo por un lado, y a su vez no hay conflicto entre trabajo y capital. Esto me parece que la pandemia ayudó muchísimo en visibilizar que eso era una falacia. Y que no había que confundir un sobredimensionamiento del capital financiero sobre el capital productivo con la desaparición de una relación. Dicho en otros términos, que el capital financiero se siga alimentando del trabajo. Pero tiene una dimensión el capital financiero, que es tan grande, que su relación con el trabajo está mediatizada en un montón de actores que intervienen en el medio y disimulado. Dicho en otros términos, la estrategia del capitalismo financiero es la disimulación del conflicto con el trabajo. Entonces para los trabajadores se vuelve más difícil organizar el conflicto, porque antes el propietario del capital estaba en la fábrica, era identificado, era el patrón, sabíamos cuál era la relación y la clase trabajadora logró organizar el conflicto, movilizando el Estado como mediador en ese conflicto. De los años ‘70 a esta parte eso se desarticuló, pero no se desarticuló el conflicto con el trabajo, porque el capital se sigue alimentando del trabajo, sino que se disimuló esa realidad, con lo cual eso nos lleva a un problema fundamental: que las instituciones del mundo del trabajo entran en crisis. Y para responder a tu pregunta, entre otras cosas, porque esas instituciones permitían discutir el valor del trabajo. ¡Para eso las habíamos armado! ¿Por qué la clase obrera armó un convenio colectivo? Además de tener derechos, fue para discutir el salario. Ahora, si se disimula esa relación con el capital, o sea, si se disimula la relación con quién se beneficia del trabajo, entonces es mucho más difícil disputar el valor. Esto, en el caso de lo que hoy llamamos la economía popular, es evidente, porque el valor es muy bajo, porque no hay en las instituciones ese trabajo. Pero en los últimos años, que es lo que vemos ahora, ese problema del valor del trabajo también empieza a aparecer en aquellos trabajadores que están en las instituciones de trabajo tradicional, con convenios de trabajo, etc. Con lo cual, si estamos de acuerdo con ese diagnóstico, lo que podríamos decir que hoy en este estadio del capitalismo financiero, lo que vemos es una crisis del valor del trabajo. Fruto del proceso de valorización del capital, que desconoce su relación con el trabajo y donde las instituciones que nos permiten valorar el trabajo entraron en crisis.

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JS: En la Argentina tenemos un panorama bastante ecléctico respecto de las relaciones laborales. Desde los trabajadores que tienen poca capacitación porque han tenido poca educación y porque provienen generalmente de crisis económicas y sociales que son redundantes en la Argentina, pasamos a aquellos que están “híper capacitados” para la tecnología 4.0, 5.0 y demás. En ese enorme abanico tenemos el desafío de generar el famoso sueño social de pleno empleo. ¿Crees que es posible que eso suceda? Si es posible ¿Cuál sería un camino alternativo a la creación de empleos formales sólo por sí? ¿Y cuánto tiempo nos llevaría eso si seríamos capaces de hacerlo bien?
AR: Ahí me parece que hay un punto clave que se articula con lo que decíamos anteriormente. Históricamente la organización del trabajo se construyó dialécticamente con la organización del capital. Entonces, si vos tenés un capital homogéneo y la mayoría del capital está en el mundo industrial, el trabajo se va a constituir de manera homogénea. Y eso es la relación de empleo en la sociedad industrial. Como de los años 70 a esta parte, ya llevamos 50 años, o sea medio siglo, se fue heterogeneizando el capital, la consecuencia lógica en que se fue heterogeneizando el trabajo. El problema es que para organizar el trabajo y para generar figuras legales que permita proteger a los trabajadores, que permita desarrollar sus derechos y su salario, esa dialéctica se tiene que articular. Y hoy tenemos tres grandes formas del capital. La primera, que es la forma del capitalismo industrial que sigue existiendo. O sea, que no desapareció, eso es importante porque una etapa del capitalismo no destruye la previa, se agrega. En esa figura están las formas tradicionales de organización del trabajo con la organización de empleo tradicional, y ahí es donde hay una institucionalidad que se podrá modificar, adaptar, etc. pero es una institucionalidad que está dada y que corresponde a esa realidad. Con un problema, como decíamos antes, que de todas formas, como el capital industrial está cada vez más en contradicción con el capitalismo financiero, hay cada vez menos capital para distribuir entre trabajadores y propietarios de los medios de producción, que es uno de los problemas de valor del trabajo. Los márgenes no son tan grandes y la disputa por la ganancia no es tan grande. La segunda forma del capital es el capitalismo financiero de Wall Street, para decirlo de una manera, de la bolsa, de los activos, donde la conexión con el mundo del trabajo está muy mediatizada y donde los trabajadores no tienen todavía las herramientas de organización del conflicto con el capital financiero. Pero muchos trabajadores están inscriptos en esa relación con el capital. Entonces ahí aparece la cuestión fundamental de la deuda financiera. Muchos de nuestros trabajadores están sobreendeudados, están endeudados a tasas altísimas y esa es la forma en la que los trabajadores están vinculados con el capitalismo financiero, porque no es verdad que no hay vinculación, hay una gran vinculación. La tercer forma, que es la etapa en la cual estamos ahora, es el capitalismo de plataformas, que es una forma de capitalismo financiero, pero cuya conexión es en particular con la actividad comercial.

JS: Cuando te referís a plataformas, hablamos de lo que se ve en la virtualidad de la web, de las redes…
AR: Los unicornios, Mercadopago, Mercadolibre, Amazon. Si ustedes miran en las grandes empresas a nivel mundial son todo lo que en Argentina llamamos los unicornios.
JS: Donde es muy difícil sindicalizarse.
AR: Donde es muy difícil sindicalizarse, donde hay políticas antisindicales muy fuertes, donde la relación laboral es más fácil identificar que con la relación de endeudamiento. Porque es otro dispositivo, la plataforma es la que media en la relación laboral. Para decirlo en términos pedagógicos: en la relación industrial, la disputa es el salario; en la relación financiera, la disputa es la tasa de interés; en la relación del capitalismo de plataforma, la disputa es el algoritmo. Entonces tenemos tres conflictos: el conflicto salarial, el conflicto de tasas de interés y el conflicto por el algoritmo. La clase trabajadora está acostumbrada a disputar el salario. No está acostumbrada a disputar la tasa de interés. No está acostumbrada a disputar el algoritmo. Ahora, en relación a tu pregunta, si nosotros queremos actualizar el conflicto laboral, tendríamos que organizar un dispositivo de conflicto con el capital en esos tres planos, en esos tres frentes, sabiendo que el capital es heterogéneo y que hoy en día quien domina entre los capitalistas es el capitalismo de plataforma. El que en Argentina se reúne en Llao Llao, no es el coloquio de IDEA.
JS: Claro, es un cambio…
AR: Es un cambio, porque inclusive la politicidad de esos actores es totalmente distinta, la forma en que piensa su relación a la política de la clase trabajadora es diferente.
JS: Y los países emergentes en ese punto, que son economías en desarrollo, entre las que nos podemos incluir más allá de nuestra propia problemáticas, no sólo estamos atrasados en esta globalización que se produjo, también post 70, sino que pasamos por crisis que nos obligan a mirar la diaria antes que tener una mirada a futuro. En ese aspecto también es una problemática la sindicalización en ese capitalismo de plataforma que planteas, porque todavía el empleador está aún más invisibilizado en esa situación, no se sabe contra quién se discute ni con qué. Y sobre todo en un mundo globalizado donde el trabajo empieza a funcionar sin fronteras definidas, digamos, ¿no? En ese punto yo tengo una opinión que te la comparto y es para que la discutamos: creo que estamos muy alejados, entre otras circunstancias, en nuestra estructura educativa, para salir, para que al final no sólo terminemos sabiendo de historia o de geografía, sino que tengamos gente que sea capacitada para incluirse socialmente a través del trabajo. Te comparto esa opinión como disparador…
AR: Claro, ahí me parece que hay un diagnóstico de la crisis del mundo del trabajo y de la crisis de las formas del trabajo, que tiene que ver con lo que se llama la teoría del capital humano, es decir, que supone que el problema de las adecuaciones entre el mundo del trabajo y empleo tiene que ver con problemas de formación. Y vuelvo a lo anterior, esto es parte del diagnóstico. El gran problema que tenemos, me parece, es que tenemos muchas formas de pensar que son formas metonímicas. ¿Qué es la metonimia? Es cuando se nombra el todo por la parte. Entonces, cuando decimos el problema en el mundo del trabajo es la adecuación de la educación o de la formación con las demandas del mercado. Es un problema, pero es un problema que se agrega a otro problema que tiene que ver en relación con las tasas de interés, que tiene que ver con la relación con las plataformas, que tiene que ver con lo que llaman la economía popular. Todo esto configura un conjunto de problemas y ninguno de esos problemas permite nombrar el todo. ¿Por qué? Porque el mundo del trabajo ya no es homogéneo. Nosotros, antes, en el capitalismo industrial, podíamos caracterizar el mundo de trabajo con un concepto, como un problema. ¿Por qué? Porque el universo era bastante homogéneo. ¿Y por qué ese universo era bastante homogéneo? Porque el capital también lo era. Entonces, en el conflicto con el capitalismo, el problema es éste. Hay un problema central que organiza todo lo demás. Hoy en día ya no es así. Entonces me parece que el punto de vista de la adecuación de la formación es un problema clave, es un problema central, pero no es el único problema y por ende lo que señalan muchos empleadores (en Argentina que aparece todo el tiempo en el escenario público y mediático) de que hay un problema porque no consigo los obreros para tal fábrica. Es verdad, hay un problema de formación. Ahora, si cuantificamos el fenómeno, será un fenómeno que abarca 50 mil, 60 mil, 100 mil trabajadores. Si lográramos adecuar, podríamos tener 100.000 puestos de trabajo o 100.000 empleos más. Hay que hacerlo, es fundamental. El IFE nos dijo que hay 11 millones de personas que trabajan y no están en relación de dependencia. Entonces eso es la metonimia. Terminamos discutiendo todos por los 100.000 puestos de trabajo y quedan 10.900.000 que están afuera. Entonces hay que lograr pensar el trabajo para los 23 millones de personas que están hoy en la fuerza de trabajo en Argentina.
JS: Cuándo vos planteas —volviendo a la economía popular de los trabajadores— que es necesario el reconocimiento de los trabajadores de economía popular como sujeto político; efectivamente ¿A qué te referís? ¿Parte de ese reconocimiento es también su incorporación como elementos sindicalizados dentro de la Confederación General del Trabajo, por ejemplo?
AR: Si el diagnóstico es que vos tenés un trabajo que existe pero que no tiene las instituciones para poder disputar su valor, la primera etapa es que ese trabajo se constituya o esos trabajadores se constituyan como sujeto político, en una etapa parecida a lo que fue la clase trabajadora en el siglo XIX. Como en el momento en que se organiza el capitalismo industrial, la clase obrera buscó primero su reconocimiento como sujeto político y, organizada como sujeto político, encontró la figura sindical para disputar la relación de poder con el capital. Este es el proceso que está en curso en la economía popular, es decir, trabajadores no reconocidos que se están constituyendo como sujeto político y como tal pretende articular, reunificando a la clase trabajadora (por eso los 22 millones o 23 millones de trabajadores que hay en Argentina) reunificando, asumiendo la heterogeneidad del trabajo, eso sería el movimiento. Volvamos a unificar, pero una unificación que no sea una concepción homogeneizante del trabajo, que no sea con la idea de que hay una sola forma de trabajo.
JS:Solo el trabajo formal por ejemplo, que es lo que funcionó hasta los ‘70. Si querés poner como límite....
AR: Exacto. En los últimos 50 años fue mostrando cada vez más el agotamiento de ese dispositivo institucional, y lo que es importante en esa concepción de un trabajo diverso, heterogéneo, manteniendo la ambición de la unidad de la clase trabajadora y de la unidad de la representación sindical, la unidad del sujeto político, pero heterogéneo en su relación al capital. Ese es para mí el gran desafío. Porque vos tenés trabajadores que tienen un patrón oculto o tienen un patrón que no está tan visible, o las mediaciones que son muchísimas, que puede ser una plataforma, pero que no deja de ser un trabajador. Un trabajador en el sentido que lo dijimos anteriormente, que tiene una relación social con el capital, que se aprovecha de su trabajo y que en ese caso, el que se aprovecha ese trabajo no se hace cargo de ese beneficio ni de la relación asimétrica que produce. Entonces, yo creo que nosotros ganaremos mucho en potencia si todos los sujetos políticos presentes y por venir, porque puede ser que aparezcan otras formas de trabajo que nosotros como clase trabajadoras tenemos que hacer todo lo posible para incorporarlo a la dinámica sindical. Incorporarlo implica no tratar de homogeneizarlo, que me parece que hasta ahora ha sido la estrategia, que fue tratar de que esta forma se adecúe a la forma de la relación salarial industrial. Eso no va a funcionar porque el tipo de relación social en la cual están inscriptos esos trabajadores no es la relación salarial, no es la relación de empleo, es trabajo, pero no es empleo, es trabajo que busca tener derechos, que busca tener reconocimiento salarial, que busca disputar el valor de su trabajo y lo disputa. ¿Con quién? Con el capital. Entonces ahí es donde nosotros tenemos que tener una creatividad institucional, una creatividad política, que asuma que en esta etapa del capitalismo la relación no es entre capital homogéneo y trabajo homogéneo, sino entre capital heterogéneo y trabajo heterogéneo. El capital tiene sus contradicciones, el trabajo también. La clase trabajadora volverá a tener iniciativa política el día que pueda construir la unidad en la heterogeneidad.
JS: Hay una definición de un compañero que es Omar Plaini, que dice que la Confederación General del Trabajo y, por lo tanto, la representación más importante del movimiento obrero, dejó de ser un factor de poder para ser solo un factor de presión. Me parece interesante, porque eso también significa, en línea con lo que vos estás diciendo, la necesidad de reconocer la heterogeneidad del mundo del trabajo para poder incorporarlos a todos dentro de lo que es el movimiento obrero, pero básicamente dentro de una institución, como es la Confederación General del Trabajo. Cuestión discutida también en todo el ámbito gremial. Pero primero antecede, claro, el reconocimiento del trabajo en los estadios que hoy se encuentra. En ese punto que vos planteas, de la necesidad que también los trabajadores tienen, de la búsqueda de capital para poder generar el trabajo por sí mismo. El cooperativismo y el mutualismo es una parte importante que normalmente, previo a los inicios de la Argentina productiva y demás, tuvo mucho desarrollo, sobre todo en el interior. Muchas cooperativas y mutuales que generaron muchos puestos de trabajo y que hoy siguen estando vigentes en muchos casos. ¿Cómo lo ves en esta situación? ¿Cómo funciona eso? El cooperativismo se mantiene en el tiempo porque tuvo también una emergencia allá post crisis del 2001, donde las fábricas eran tomadas por los propios trabajadores para llevar adelante la producción. ¿Cómo está hoy eso? ¿Cómo se desarrolla? ¿Qué estás haciendo desde el INAES?
AR: Una conciencia de clase...
JS: Se llama conciencia de clase… Entonces hay una conciencia cooperativa que es tan importante para el cooperativismo como la conciencia de clase para el sindicalismo. Si nosotros trabajamos bien la conciencia cooperativa, hay un potencial de organización de la clase trabajadora enorme de ese conjunto de trabajadores que, y ése es un punto clave del diagnóstico, que no van a estar en relación de empleo. Y tiro un dato porque tiene que ver con tu pregunta ¿no? Nosotros cuando hablamos (de hecho nosotros estuvimos juntos en el Coloquio IDEA) y le preguntamos a los empresarios: ustedes con viento a favor, etc., con las condiciones actuales: ¿Cuál es la capacidad del sector privado de creación de empleo? Y todos dan más o menos el mismo número: 200.000 puestos por año. Acá vamos a hacer un censo. El censo dio que en 12 años la población argentina creció 7 millones. 7 millones en 12 años son más o menos 580.000 al año, para hacer el cálculo rápido. En general, la mitad de la población está en edad de trabajar. Verás que digo en edad de trabajar y no digo población económicamente activa, que son definiciones del INDEC que ya no funcionan para caracterizar la estructura social argentina. O sea, significa que tienen 290.000 personas por año que entran al mundo de las que están en edad de trabajar. El sector privado nos dice que con viento a favor crean 200.000 empleos. O sea que hoy, con la estructura actual, con viento a favor, hay 90.000 personas que quedan afuera por año. Si vos tomas otros datos para hacer el mismo cálculo: por otro lado tenés 11 millones de personas que solicitaron el IFE, es decir, personas que trabajan pero que no están inscritos en relación de dependencia; 11 millones. El INDEC pensaba que iba a haber 3 millones y medio. Habla de la dificultad que tenemos de dar una imagen certera sobre nuestra sociedad. Supongamos que no tengamos hijos: 11 millones de personas, a 200.000 por año, son 55 años. Entonces eso era un poco el punto clave de la cuestión del empleo. El proyecto del pleno empleo hoy en día en el sector privado implica 55 años sin hijos. Entonces, como vamos a tener hijos por suerte, y que no queremos que la clase trabajadora espere 55 años para resolver los problemas estructurales, es donde nos parece que tenemos que dotar a un conjunto de trabajadores, de derechos, de instituciones y de un proceso de representación política. Punto uno, empiezo por el último, la representación política implica efectivamente la articulación con el mundo sindical. La UTEP (Unión de Trabajadores de la Economía Popular) es una herramienta, después hay un montón de cooperativas que se sindicalizan y cada vez más los sindicatos se abren a la sindicalización de los cooperativistas. Y eso va a ocurrir, eso va a crecer. Es difícil, choca contra un montón de concepciones que han sido herramientas clave para crecimiento sindical, por eso es normal que choque con esa concepción. Pero si ustedes ven esos 11 millones, nosotros potencialmente por todos los registros que tenemos, hay 4 millones de trabajadores que podrían tener una forma cooperativa. Entonces ese desarrollo para nosotros es clave, porque tenemos 6 millones y medio de trabajadores en relación de dependencia. Podríamos tener 4 millones de trabajadores cooperativistas sindicalizados que recomponen la unidad de la clase trabajadora en su heterogeneidad. Ese es el camino que nosotros desde el INAES queremos fortalecer, con conciencia cooperativa, que perdure en el tiempo y que tenga la potencialidad de la longevidad que tienen las cooperativas en Argentina.
AR: Una conciencia de clase...
JS: Se llama conciencia de clase… Entonces hay una conciencia cooperativa que es tan importante para el cooperativismo como la conciencia de clase para el sindicalismo. Si nosotros trabajamos bien la conciencia cooperativa, hay un potencial de organización de la clase trabajadora enorme de ese conjunto de trabajadores que, y ése es un punto clave del diagnóstico, que no van a estar en relación de empleo. Y tiro un dato porque tiene que ver con tu pregunta ¿no? Nosotros cuando hablamos (de hecho nosotros estuvimos juntos en el Coloquio IDEA) y le preguntamos a los empresarios: ustedes con viento a favor, etc., con las condiciones actuales: ¿Cuál es la capacidad del sector privado de creación de empleo? Y todos dan más o menos el mismo número: 200.000 puestos por año. Acá vamos a hacer un censo. El censo dio que en 12 años la población argentina creció 7 millones. 7 millones en 12 años son más o menos 580.000 al año, para hacer el cálculo rápido. En general, la mitad de la población está en edad de trabajar. Verás que digo en edad de trabajar y no digo población económicamente activa, que son definiciones del INDEC que ya no funcionan para caracterizar la estructura social argentina. O sea, significa que tienen 290.000 personas por año que entran al mundo de las que están en edad de trabajar. El sector privado nos dice que con viento a favor crean 200.000 empleos. O sea que hoy, con la estructura actual, con viento a favor, hay 90.000 personas que quedan afuera por año. Si vos tomas otros datos para hacer el mismo cálculo: por otro lado tenés 11 millones de personas que solicitaron el IFE, es decir, personas que trabajan pero que no están inscritos en relación de dependencia; 11 millones. El INDEC pensaba que iba a haber 3 millones y medio. Habla de la dificultad que tenemos de dar una imagen certera sobre nuestra sociedad. Supongamos que no tengamos hijos: 11 millones de personas, a 200.000 por año, son 55 años. Entonces eso era un poco el punto clave de la cuestión del empleo. El proyecto del pleno empleo hoy en día en el sector privado implica 55 años sin hijos. Entonces, como vamos a tener hijos por suerte, y que no queremos que la clase trabajadora espere 55 años para resolver los problemas estructurales, es donde nos parece que tenemos que dotar a un conjunto de trabajadores, de derechos, de instituciones y de un proceso de representación política. Punto uno, empiezo por el último, la representación política implica efectivamente la articulación con el mundo sindical. La UTEP (Unión de Trabajadores de la Economía Popular) es una herramienta, después hay un montón de cooperativas que se sindicalizan y cada vez más los sindicatos se abren a la sindicalización de los cooperativistas. Y eso va a ocurrir, eso va a crecer. Es difícil, choca contra un montón de concepciones que han sido herramientas clave para crecimiento sindical, por eso es normal que choque con esa concepción. Pero si ustedes ven esos 11 millones, nosotros potencialmente por todos los registros que tenemos, hay 4 millones de trabajadores que podrían tener una forma cooperativa. Entonces ese desarrollo para nosotros es clave, porque tenemos 6 millones y medio de trabajadores en relación de dependencia. Podríamos tener 4 millones de trabajadores cooperativistas sindicalizados que recomponen la unidad de la clase trabajadora en su heterogeneidad. Ese es el camino que nosotros desde el INAES queremos fortalecer, con conciencia cooperativa, que perdure en el tiempo y que tenga la potencialidad de la longevidad que tienen las cooperativas en Argentina.