El concepto de mujer trabajadora aparece a fines del siglo XVIII en Gran Bretaña, con la revolución industrial, haciendo trabajos fuera del hogar, cumpliendo roles como pequeñas comerciantes, niñeras, lavanderas, tareas dentro de talleres de confección de ropa o de productos de metal, entre otros. En ese contexto, las mujeres ocuparon lugares como trabajadoras, pero sin ser reconocidas, fueron invisibilizadas y explotadas por su bajo costo salarial.
El trabajo asalariado en el pre industrialismo, para la mujer, estaba condicionado a la posición -compatible o no- con el desarrollo de sus tareas familiares y maternales, remarcando la oposición entre hogar-trabajo y feminidad-productividad, como ordenaba el mandato tradicional establecido; su función se veía limitado a cortos períodos, cuando fuera necesario para su supervivencia o de su familia, y hasta casarse o tener hijos, desempeñándose en empleos mal pagos y no cualificados.
A fines del siglo XIX, los trabajadores de los países industrializados buscaron la manera de organizarse para defender su oficio o labor, aquí también pudo reflejarse cómo la división sexual del trabajo se hallaba dentro de las prácticas ejercidas por los sindicatos.
Ante el hecho de que los salaros femeninos fueran más reducidos, los sindicatos determinaron la necesidad de aislar a las mujeres del mercado de trabajo, justificándose con el argumento de que la estructura física de las mujeres determina su función social como madres y amas de casa, reafirmando el discurso sobre la división sexual del trabajo. Excluyéndolas así también de la participación sindical.
En algunos países como Francia o Inglaterra se logró dictaminar leyes que reducían la jornada laboral y el trabajo nocturno, pero esas regulaciones estuvieron enfocadas solo al trabajo fabril con predominio masculino, omitiendo áreas de trabajo como la agricultura o el servicio doméstico que constituían la principal fuente de trabajo para las mujeres.
Sí surgieron propuestas políticas como el otorgamiento del permiso por maternidad o la facilitación de atención diurna y escolaridad para la madre, reafirmando el estatus secundario de la actividad productiva de la mujer.
A principios del siglo XX, el médico catalán Bialet Massé, a pedido del presidente Julio A. Roca, elaboró un informe sobre el estado de la clase obrera en la Argentina. En 1904 se obtiene un documento oficial sobre la explotación laboral en el país.
Esta explotación engloba mayoritariamente a las mujeres que, siendo el sostén de su familia, aceptan resignadamente oficios o trabajos a destajo. Así, las mujeres han ido invadiendo los talleres y las fábricas como costureras, planchadoras, lavanderas y empleadas del servicio doméstico, disminuyendo su participación en la industria; mientras le correspondían salarios que representaban proporcionalmente la mitad de la de sus compañeros varones.
Las condiciones laborales regidas en los códigos Civil y de Comercio, estipulados por aquel liberalismo económico, implicaba, entre otras cosas: el despido sin indemnización, la falta de licencias por enfermedad o las largas jornadas de trabajo a disposición de lo previsto por el patrón; también la falta de cobertura por maternidad que, en ocasión de embarazos avanzados ya quedaban fuera del circuito laboral.
Esta desprotección motivó el comienzo de las huelgas obreras. La participación de las mujeres sucedió de manera desigual, pero tuvieron su aparición en el reclamo de los domésticos, culminaron con la modificación de la Ordenanza que establecía que la libreta de certificación es un derecho, regulando el trabajo del personal doméstico, siendo una de las primeras normas laborales argentina.
Las luchas sociales introdujeron los primeros intentos de organización sindical al país, adheridos por las ideologías más influyentes de aquella época: el anarquismo y el socialismo. En ambas corrientes hubo una temprana participación de las mujeres, en menor medida que la de los varones, por los mismos prejuicios ya mencionados.


Primeras Organizaciones Gremiales de Trabajadoras:
Desde finales del siglo XIX se encontraban: la Sociedad Cosmopolita de Obreras Costureras, de Tejedoras y Devanadoras, de Costureras de Registro o de Obreras Modistas y Sastres de Señoras, entre otras.
El trabajo de confección agrupaba a mayor cantidad de mano de obra femenina y remarcaba su activismo gremial.
En 1902 había surgido el Centro Socialista Femenino, en el cual se destacaban las hermanas Fenia, Adela y Mariana Chertkoff, cuya acción se dirigió a promover derechos de las mujeres y los niños, resaltando entre sus integrantes no solo su acción femenina, sino también su implicancia dentro del campo de la pedagogía. Junto a la modernización del país, otros rubros fueron incorporando una gran cantidad de mujeres a sus filas de trabajadores, con la masificación de la enseñanza primaria –Ley 1.420-.
En esos años se fueron llevando a cabo las luchas fabriles protagonizadas por las mujeres obreras que reclamaban en los conflictos por una jornada laboral de 8 horas, el fin del trabajo a destajo, mejoras salariales y en las condiciones laborales. Las modistas realizaron su huelga en 1889, las telefonistas y alpargateras en 1896. En 1901, en Rosario sucedió el conflicto laboral de las obreras ante la refinería argentina y, en 1902 las tejedoras denunciarían a sus capataces por sufrir situaciones de acoso sexual.
Mujeres Protagonistas
Gradualmente, la concepción tradicionalista que sujetaba a las mujeres a las funciones dentro del hogar, se fueron alejando, producto de la etapa de modernización, su incorporación al mundo laboral y la extensión de la educación común.
Fueron apareciendo en la vida pública militantes sociales y políticas, que en muchos casos combinaron sus militancias respecto a su condición de profesionales universitarias.
En 1888 se crea una de las primeras organizaciones mundiales: el Consejo Internacional de Mujeres (ya se tenía conciencia del término “feminismo”, el cual representaba la lucha por los derechos civiles y políticos de la mujer, en aquel entonces, por ser iguales ante la ley (en consideración a su par varón) y en poseer las mismas oportunidades de representación política (acceso al voto y a ser votadas).

Las Universitarias
No ha sido cómoda la carrera de las mujeres por adquirir un título de formación superior y ser consideradas profesionales universitarias; siempre fue un ámbito de difícil acceso. En 1918, con la llegada de la reforma universitaria, la presencia de la mujer seguiría siendo una rareza en las universidades argentinas.
En 1889 Cecilia Grierson se recibe como la primera médica del país en la Universidad de Buenos Aires. En 1892 funda la primera escuela de enfermería y crea la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios. Fue también impulsora del feminismo.
Elvira Rawson, en 1892, se gradúa en medicina, habiendo participado activamente dos años antes durante la Revolución del Parque, atendiendo a los heridos en combate. Al adherirse a la Unión Cívica Radical, fue una de las fundadoras del Centro Feminista que bregaba por la igualdad civil y política de la mujer. Presentó un proyecto de reforma del Código Civil en relación a los derechos de la mujer; mientras que en 1919 será la promotora de la Asociación Pro Derechos de la Mujer, institución que reclamaba entre otras cosas igualdad para ambos sexos en códigos y leyes.
Elvira y Ernestina López, fueron las primeras graduadas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, siendo relevante su participación por haber basado su tesis gradual en 1901, sobre el movimiento feminista
En 1910 se celebró el Centenario de la Revolución de Mayo y, coincidentemente se llevaron a cabo dos congresos de mujeres, uno fue el Congreso Patriótico de Mujeres, realizado por las mujeres de la alta sociedad, vinculadas a los festejos oficiales; del otro lado la Asociación de Mujeres Universitarias, el Centro Socialista Femenino y la Liga de Mujeres Librepensadoras, entre otros, organizaron el Congreso Internacional Femenino, que entre sus principales objetivos se planteaban medidas de protección a niños víctimas de miseria o abandono, la reforma del Código Civil respecto a los derechos civiles y políticos de la mujer, abogar por la necesidad de una ley de divorcio, la exclusiva petición frente a la explotación de la prostitución, además de elevar la educación e instrucción femenina (Dora Barrancos 2010).
En aquel histórico congreso, las mujeres lograron que se aprobaran entre otras cosas: el sufragio universal para ambos sexos; el divorcio absoluto y cuarenta días de descanso antes y después del parto con el goce de sueldo completo para proteger la maternidad; fomentar las escuelas profesionales para mujeres, mejorar higiénicamente las existentes y cuidar la educación estética de la mujer obrera; escuela obligatoria y laica para niños de ambos sexos hasta la edad de 14 años, entre otras medidas.
Julieta Lanteri fue la primera mujer sudamericana que pudo votar y ser candidata en nuestro país. Inmigrante italiana, fue la primera en ingresar y recibirse de bachiller en el Colegio Nacional de La Plata, luego se graduó de Farmacéutica y más tarde fue la 5ta. mujer en recibirse de médica. En 1910 se nacionalizó argentina y, dentro del contexto de la llamada Ley Sáenz Peña se dedicó a proclamar por los derechos como ciudadana, incluidos los políticos. En 1911 se convirtió en la primera mujer incorporada a un padrón electoral y que ha logrado votar.
También las mujeres socialistas han tenido una gran influencia en la etapa de modernización previa a la llegada del radicalismo al poder. Entre sus representantes se destacan:
Gabriela Laperriére, quien luego de arribar al país desde Francia, fue la primera dirigente partidaria al afiliarse en 1902 al Partido Socialista. Las hermanas Chertkoff, provenientes de Rusia. Contrajeron matrimonio con grandes protagonistas del movimiento socialista. Fenia se casará con Nicolás Repetto, Adela con Adlofo Dickmann y Mariana será la primera esposa de Juan B. Justo. Las tres formaron parte de la creación del Centro Socialista Femenino, que abogaba por los derechos de las mujeres y los niños. Alicia Moreau, nació en Londres en 1885, fruto del exilio de sus padres. Fue la segunda esposa de Juan B. Justo. Ya en Buenos Aires, recibida de maestra, se incorporó al Partido Socialista, luego de su participación en el Congreso Internacional de Libre Pensamiento, en el cual forjaría sus principios feministas. En 1919 fundó la Unión Feminista Nacional. Carolina Muzilli, hija de inmigrantes italianos. Desde joven se desempeñó en trabajos como modista para costear sus estudios y participó de conferencias socialistas.
En cuanto a los movimientos anarquistas, fueron los pioneros en temas de discursividad sexual. Sus acciones fomentaban la liberación de los oprimidos, especialmente a las mujeres consideradas objetos máximos de explotación capitalista.
Dentro de este activismo anarquista, las mujeres más destacadas fueron Virginia Bolten y Juana Rouco Buela. Virginia, nacida hacia 1870. Editó el periódico “La voz de la mujer”, integró del Centro Femenino Anarquista. En este mismo centro militó Juana Rouco Buela, nacida en Madrid en 1889, años más tarde se radicó en Argentina, integrándose a las filas del FORA (Federación Obrera Regional Argentina). Fue la representante de los inquilinos durante sus huelgas a los propietarios urbanos y rurales, por lo que fue expulsada del país, a sus 18 años, mediante la Ley de Residencia. Se exilió en Montevideo, donde fundaría el periódico La Nueva Senda.
En 1918, la Reforma Universitaria gestada en la Universidad de Córdoba y expandida al resto de las universidades del país permitió un mayor acceso de las mujeres a la educación superior, con la dimensión que implica en la participación y representación social.
Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, hubo una incorporación masiva de mano de obra femenina sobre los puestos anteriormente ocupados por los varones. Concluidos los combates, hubo intentos por regresarlas a sus tareas del hogar, pero el impacto y la visibilidad que tuvieron en la sociedad y el trabajo ya no tuvo retorno.
Entonces, si lograron desempeñar con normalidad los mismos trabajos que los varones ¿por qué no habrían de gozar de los mismos derechos?

Luchas por la Ciudadanía y la quiparación Civil
Desde 1911, con la presentación del proyecto del voto femenino, impulsado por Alfredo Palacios (que ni siquiera fue tratado), se inicia un largo proceso de luchas por dictaminar un proyecto de ley que permita a las mujeres participar activamente como ciudadanas, con los mismos derechos que los hombres.
El Código Civil de Vélez Sarsfield en lo vinculado al matrimonio civil mantenía una notable inferioridad de la mujer (mayormente de la mujer casada) que ubicada bajo la tutela del marido se mantenía incapacitada a realizarse por sí misma. En 1926 se sanciona la Ley de Capacidad Civil de la Mujer, que modifica la ley de matrimonio, donde la mujer casada podía ejercer su profesión o empleo administrando libremente lo que resulta de ello, formar parte de asociaciones civiles o comerciales y de cooperativas, disponer a título oneroso en caso de separación judicial de su esposo, de los bienes que le correspondan (Pigna, 2011).

Luchas y Organizaciones Gremiales
Durante los gobiernos radicales de Hipólito Irigoyen se evidenció una gran cantidad de participación femenina en huelgas y protestas por mejores condiciones de trabajo.
Los rubros como el textil, alimentos o telefonía tenían predominancia de personal femenino, cuya participación en los reclamos obreros aumentó considerablemente. En general, las demandas se basaban por el reconocimiento de los sindicatos, la jornada de 8 horas, el descanso dominical, la no obligación a realizar horas extras, la creación de comisiones de salarios mínimos, entre otras peticiones.
El 9 de septiembre de 1947, luego de tantos años de luchas y reclamos, a través de los diferentes partidos gobernantes hasta entonces, a partir de la iniciativa de Eva Perón, se aprobó la ley que consagraba los derechos cívicos y políticos de las mujeres argentinas y les confería el protagonismo que venían proclamando. El 23 de septiembre, catorce días después, se promulgó la llamada “Ley Evita 13.010”.
Ya obtenido el voto femenino, las mujeres debían organizarse. Fue así que el 26 de julio de 1949, en el Teatro Nacional Cervantes de la Ciudad de Buenos Aires, arribaron mujeres de todo al país, participando de lo que fue la primera Asamblea Nacional del Partido Peronista Femenino (PPF), siendo Eva Perón elegida como la presidenta del partido.
Una de sus principales acciones fue la de realizar un censo femenino a nivel nacional. En todo el territorio se fundaron Unidades Básicas Femeninas, como ejes de la organización.
La participación de las mujeres incrementó su potencial en la arena política una vez consagrado el sufragio universal. Durante el segundo gobierno peronista, la representación femenina en el parlamento nacional y en las legislaturas provinciales superaba, en términos porcentuales, la experiencia de los países europeos. Sin embargo, las mujeres han estado ausentes de los cargos jerárquicos partidarios y por ende, también de los espacios de decisión.
Durante las interrupciones de la democracia por las que transitó nuestro país durante la mitad del siglo pasado, las discriminaciones fueron más allá de los límites. Coartando su libertad política y sindical. Entre 1955 y 1973 se produjo una notoria baja representatividad de las mujeres en el funcionamiento de las instituciones.
A partir de 1983, la recuperación de la democracia en nuestro país devolvió aire al feminismo, fuerza al movimiento de mujeres y a las militantes de las mayorías de las formaciones políticas, a la vez que surgieron nuevas iniciativas para garantizar el reconocimiento de una mayor participación de mujeres en las instituciones parlamentarias (Barrancos, 2002).
Estos mecanismos mencionados surgen en un contexto internacional, dados por la elaboración de la Declaración de los Derechos Humanos acerca de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, que en la Argentina sería aprobada e incorporada como la Ley 23.179 – Ley Antidiscriminación, y que en términos generales pretendía la igualdad de hombres y mujeres en el plano social, político, cultural, religioso y laboral; tendientes a modificar los hábitos y conductas que mantienen a la mujer en un ámbito de subordinación respecto al varón (Leonardi de Herbón, 1995).

Ley 24.012 – Ley de Cupo Femenino.
En noviembre de 1991 queda sancionada y promulgada la Ley de Cupo Femenino, presentado por la senadora Margarita Malharro de Torres y reglamentada el 8 de marzo de 1993.
Esta ley modificó el Código Electoral Nacional, estableciendo en uno de sus artículos un porcentaje mínimo del 30% de mujeres en las listas que los partidos deben presentar en los comicios. En la reglamentación de esta ley se asigna que su finalidad es: “lograr la integración efectiva de las mujeres en la actividad política, evitando la postergación que conllevaba excluir candidatas femeninas en las listas de candidatos con expectativa de resultar electos.
La constitucionalidad de esta disposición estuvo fuertemente cuestionado y discutido antes de la reforma constitucional de 1994, justamente por la desvalorización y desprestigio que sufriera la mujer durante toda su historia ante la desigualdad de género.
Ley 25.674 - Ley de Cupo Sindical Femenino
En la década de 1980, en los ámbitos sindicales, el surgimiento de nuevos espacios de participación que obtuvieron las mujeres fue a partir de la creación de Secretarías, Subsecretarías o Departamentos que articularían estrategias para favorecer su actuación en la vida de los gremios.
La Presidenta de la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres en el Mundo Laboral, Olga Hammar, aseguró que importantes sindicatos del Sector Público, Docente, Gráfico, Bancario, Seguro, Comercio, etc., incluyendo la Confederación General del Trabajo (C.G.T.), a través del Instituto de la Mujer, cuya Presidencia estaba a cargo de nuestra compañera del Sindicato del Seguro Elena Palmucci, acompañada en la mesa directiva por Gladys Blas (Comercio) y Zunilda Valenciano (UPCN), acompañadas por una gran cantidad de mujeres sindicalistas de todos los gremios que conforman la CGT, como la compañera Noé Ruiz, actualmente a cargo de la Secretaría de Género de la CGT, todas ellas fueron pioneras en esa lucha y, con diferencias de criterio en el rol de la mujer en los sindicatos, realizaron cursos de capacitación, discutieron problemas específicos de los trabajadores y reclamaron básicamente su derecho como mujeres a participar en el espacio sindical.
De este modo, la ley que sanciona el Cupo Sindical Femenino, llegó para complementar los derechos anteriormente adquiridos en el terreno legislativo, pero en este caso dirigidos a establecer un mínimo de representación femenina en la estructura sindical.
La normativa de esta ley, sancionada en noviembre de 2002, establece la integración obligatoria de mujeres en cargos electivos y representativos de las organizaciones sindicales, determinando que el porcentaje femenino será de un mínimo de un 30% cuando el número de mujeres alcance o supere ese porcentual sobre el total de trabajadoras y trabajadores.
Participación Sindical de las Mujeres
Las mujeres argentinas lograron hacer ley el reconocimiento a una larga trayectoria de luchas y debates, visibilizando ciertos temas que durante el trayecto histórico han sido naturalizados a la realización femenina, como ser la licencia por maternidad y los derechos protectorios de las trabajadoras embarazadas, la igualdad de remuneración, el trabajo nocturno, el cuidado infantil, como muchas otras mujeres, que por su condición de serlo, debieron atribuirse por imposición de la cultura dominante.

Elena Beatriz Rivas de Palmucci, una gran dirigente a nivel nacional e internaciona, ha recorrido un enorme camino en defensa de los derechos de los trabajadores y en particular de las mujeres. Su militancia la llevó a desempeñar diversos cargos de responsabilidad dentro del gremio del Seguro, llegando a ser Secretaria Adjunta. Fue designada miembro del Comité Mundial Femenino de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) y Delegada Alterna del Comité Continental Femenino de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). En el año 2000, por primera vez en la CGT se designa a una mujer como Vocal Titular del Consejo Directivo, siendo Elena quien cumpliera esa función.

En nuestra Obra Social la compañera Nidia Romero de Rangugni se desempeñó en la Presidencia y también ejerció funciones en varios cargos directivos del Sindicato del Seguro, al igual que la compañera Palmucci participó de conferencias mundiales en las diferentes organizaciones gremiales internacionales.

Mirta Elsa Delibasich, esta querida compañera ha sido también un gran cuadro gremial, apasionada y solidaria, recorrió el camino sindical siendo delegada de empresa, y luego desempeñándose en diferentes cargos en la conducción nacional del Sindicato del Seguro siendo Secretaria de Acción Social, Secretaría de la Mujer y directora gremial en la Obra Social de Seguros, en representación del Sindicato.
Mirta Abaca - Nélida Borovach - Isabel Calvache - Isabel Castellanos - Lidia Cimadevilla - Silvia Cruz - Elba Cuitiño - Mirta Delibasich - Hebe Beatriz Donino - Adela Flores - María Inés Fusaroli - Cecilia Halpern - Nélida Kemper Julia Lamartine - Leticia Maldonado - Amanda Manzur - Alicia Matiuccio - Margarita Molina - Lilia Nievas - Elena Rivas de Palmucci - Norma Primo - Nidia Romero de Rangugni - Julieta Reyes - Claudia Roces - Elba Gómez de Rodríguez - María de los Ángeles Rosa - Beatriz Semino - Hormecinda Vargas
Fuentes: Dora Barrancos, Inclusión/Exclusión. Historia con Mujeres (2002). Mujeres en la sociedad argentina: una historia de cinco siglos (2010). Coledesky, Agenda de las mujeres. Duby G, Historia de las mujeres. Hammar, Olga Ley de Cupo Sindical Argentino. Leonardi de Herbón, Hebe, 1995. La representación política femenina. Ensayos de y por Mujeres, FEPESNA.
Las mujeres en el mundo del trabajo, Ministerio de Trabajo. Pigna, Felipe Mujeres tenían que ser. Rigat Pflaum, 1993, Mujeres en los sindicatos: el futuro requiere una estrategia global y Sladogna, Mónica 1993, Participación sindical de mujeres: algunas puntualizaciones.
En O. Moreno, Desafíos para el sindicalismo en la Argentina. Fundación Ebert.
Especial agradecimiento a los compañeros de nuestra Biblioteca Arturo Jauretche, por su colaboración en la investigación para la elaboración
de esta nota.