JORGE SOLA: Carolina, muchas gracias por compartir este espacio que hemos dado en llamar Dialog.ar. La idea es transitar una conversación entre dirigentes, en este caso como vos una dirigente de la gremial empresaria, con tus antecedentes y tus antepasados inmigrantes, tu mamá con una fuerte influencia. ¿Cómo llevas esa cuestión de representar los intereses gremiales que a veces parece que quedan solamente en manos del trabajador y sin embargo tienen su contraparte; y tu vocación empresarial en estos momentos en tu vida?
CAROLINA CASTRO: Gracias primero por invitarme; me parece valioso este tipo de espacios e intercambios, de alguna manera llegar a un diálogo un poco más descontracturado, diálogos que normalmente tenemos muy institucionalizados de diálogo social en la Argentina. Siempre digo por suerte somos un país con una alta tasa de sindicalización, con sindicatos fuertes que pueden dar diálogos con el sector empresario localmente y después lo hemos hecho también internacionalmente, porque en la Conferencia Internacional de Ginebra, en la OIT, nos hemos encontrado así que celebro estos espacios.
Para que ese diálogo social sea posible se necesitan dos partes, como con el tango, que se baila de a dos, se necesitan sindicatos fuertes y se necesita un empresario organizado también con fortaleza para sentarse a esa mesa. Pero esa fortaleza yo la pongo de un lugar más bien de capacidades institucionales y capacidades técnicas y contenido. Hace varios años empecé a participar en la gremial empresaria, la Unión Industrial Argentina. Soy parte de los que cofundaron el área joven de la UIA hace un poco más de diez años y presidí ese espacio y siempre lo hice con esta vocación de que si me interesan los temas de la Argentina, y obviamente me interesan, lo tengo que hacer desde un lugar de formación y de contenido y creo que la gremial y obviamente el sindicalismo también ayudan a ese efecto, a tener conversaciones con contenido y con un compromiso que de alguna manera se tiene que traducir después en ideas concretas ¿no? Así que me parece que es bueno para el país y es bueno para un proyecto común.
JS: En la mirada que estamos hoy transitando hay una fuerte preeminencia de un capitalismo financiero, que en muchos aspectos reemplaza aquel capitalismo productivo del inicio de la revolución industrial de los inmigrantes, como hablábamos recién de tu abuelo, que venía a generar esa inversión productiva que a su vez generaba mano de obra y que generaba ese trabajo genuino. Y hoy el capitalismo financiero en la reproducción del dinero por el dinero mismo, está ocupando una parte muy importante de eso. Entonces esa tensión entre capital y trabajo, que es una tensión normal, suele desvirtuarse, me parece que apostar al diálogo entre los empresarios y los sindicatos me parece que puede ser un ejemplo para la política también, que necesita mucho de ese consenso que vos hablabas recién.
CC: Sí, yo coincido con tu visión y está bueno traer a la mesa, que es una cuestión de impacto no sólo local sino también global. Estos son temas que se están hablando en el mundo, o sea, la financiarización de la economía es una realidad y es una tensión o un desafío para las economías de todo el globo. Y a esa tensión yo le sumo otra cuestión muy importante, que es la cuestión tecnológica, en donde el mundo está cambiando radicalmente, la tecnología es hoy el principal motor de innovaciones, de posibilidad de generar mercados, básicamente de estrategias de desarrollo, y nosotros como argentinos estamos en un estadio de nuestro desarrollo en donde todavía todo es potencialidad, en lo que podemos ser y no lo que somos. Está esa idea, siempre me gusta mirar el vaso medio lleno de que la Argentina tiene con qué, pero también le falta algo todavía. Y eso lo tenemos que hacer en el marco de un mundo que tiene una tensión hacia la financiarización y tiene un problema en términos de que si no te insertas tecnológicamente te quedás afuera. Entonces no es menor este dilema para la Argentina y en la medida en que no logremos consensos, acuerdos básicos, estrategias de desarrollo, planes a 10, 20 años sobre cómo nos vamos a insertar en el mundo, qué le va a ofrecer la Argentina al mundo, no para lo que le queremos ofrecer al mundo, sino para cómo van a vivir nuestros ciudadanos.
Me parece que es algo que lamentablemente no es parte de la conversación, por lo menos de la manera que a mí me gustaría. Y ahí creo y retomo lo que acabás de decir, que sindicalismo y empresariado podrían de alguna manera ser la base sobre la cual se empiecen a lograr estos consensos ¿no? Yo creo que nosotros podemos si vamos en conjunto, incluso con las tensiones que tenemos, que son lógicas y propias del diálogo social, si acordáramos una estrategia de desarrollo común, capaz la política podría tomarla para después implementarla, o sea, no me quedaría fuera de esa discusión, más bien intentaría dar un paso hacia adelante.
JS: Sí, a ver si puedo dar algún disparador para que nos ayude a pensar. A mí me parece que hace un tiempo, del 90 para acá, los partidos políticos han perdido esa preeminencia que tenían en la discusión de unas políticas de Estado que trascendieran la coyuntura de una elección nada más. Y que en esa discusión, en los partidos políticos, se sentaban todos y todos eran parte de la misma problemática. A veces sucedieron para bien y otras no tanto. Pero a mí me da la sensación que la pérdida de importancia y de creación de los partidos políticos nos llevan a presenciar un discurso político que está solamente basado en la inmediatez y no en la visión, como sí suelen tener los empresarios genuinos inversores productivos, porque de eso se trata, a largo plazo ¿Esto te da la misma sensación a vos? ¿Ves otra cosa?
CC: Sí, creo que la coyuntura argentina es del día a día, y no me refiero solo las cuestiones económicas, también está la cuestión de seguridad. Hay un montón de problemáticas no resueltas que también llevan a la política a un cortoplacismo de intentar resolver algunas cuestiones más de inmediatez. Y muchas veces la estrategia de desarrollo va en un sentido contrario a eso, porque vos necesitas -justamente- ir dando pasos en una misma dirección o escalonados y requiere, lejos de inmediatez, largo plazo. Y eso a la política le está costando de la misma manera, en algún punto que también nos cuesta a todos nosotros. Hoy una familia que tiene que planificar su economía familiar no puede porque no sabe qué es lo que va a pasar con su sueldo y con los precios en los próximos meses, y un empresario tiene que salir a comprar una materia prima para producir algo y no sabe si va a poder reponerla porque no sabe a qué precio la tiene que vender. Y estamos todo el tiempo en esa inmediatez que creo que nos impide mirar el largo plazo. Y es lógico también. No lo estoy diciendo desde un lugar de dejadez, por el contrario, eso es lo que hace todo el mundo para intentar más o menos sobrevivir. Pero es cierto que los partidos políticos, la política en general, tendría una responsabilidad mayor de la misma manera que la tenemos los dirigentes ¿no? Entonces, tenemos que poder salir del corto plazo y empezar a plantear una estrategia de desarrollo.
La Argentina en los últimos 40 años, si mirás los indicadores económicos, ha tenido un momento de crecimiento, nadie puede dudar que del 2003 al 2011 hemos tenido un momento de crecimiento comparable con alguna otra fase previa a la democracia. Pero después tampoco nadie puede negar que en los últimos diez años la Argentina no ha logrado un modelo sustentable.
Ahora, y acá otra vez para mirar el vaso medio lleno y dar algo de optimismo, tenemos en los próximos años algunas oportunidades no menores en términos de desarrollo de recursos naturales, de capacidad de exportación y demás. Muchas veces pienso que es muy importante lo que va a pasar el año que viene y si se hicieron las cosas más o menos bien y tenés los recursos naturales explotados y exportados, etcétera. ¿Bueno, qué hace con eso? ¿Traza una estrategia al desarrollo o otra vez vivimos en una inmediatez que nos impide pensar un plan a diez años?

JS: Es todo un desafío entonces ser empresario industrial en Argentina.
Recuerdo que en tu participación en Espacio Laborar hiciste una comparación entre la historia de tu industria y un poco con los vaivenes de la Argentina. Me parece bueno si lo podés reincorporar acá…
CC: Sí, a veces la macro tiene repercusiones en la micro economía y eso se ve en las historias de distintas empresas. Y la mía es un ejemplo más, pero estoy segura que hay otras que tienen trayectorias muy parecidas.
Nuestra empresa nació en el año 1960, tuvo un desarrollo excepcional toda la década 60 y buena parte de la década del 70, donde mi abuelo pudo diversificar la producción, se puso a hacer bienes tecnológicos que son bienes de capital, como son las prensas mecánicas, hidráulicas, de estampar, con tecnología que trajo de Estados Unidos en ese momento, con un acuerdo con una empresa norteamericana.
Pasamos de tener 40 personas a tener 600 personas. Todo en esas décadas y después la década del 80 y la década del 90. En la famosa década perdida y la década del 90, una década de una gran transformación estructural de la cuestión productiva, con una apertura muy fuerte de la economía, hizo que nosotros tuviéramos que reestructurar nuestro modelo de negocio y llegáramos al 2001, al piso histórico más bajo de empleo de nuestra empresa, que fue -previo al nacimiento obviamente- de 80 personas. Cuando yo empecé a trabajar en el 2003 en la empresa teníamos a la gente suspendida, trabajábamos dos o tres días por semana y recién a partir del 2003, con el proyecto de exportación de Toyota Argentina, empezamos nuevamente una curva ascendente, haciendo por supuesto inversiones para acompañar productividad, metimos robots, metimos mucha tecnología. Hoy somos 600 personas.
Entonces, mi empresa es imposible de explicar escindida de lo que le ha pasado a la macroeconomía y sobre todo, al entramado productivo en la Argentina. Es una consecuencia de muchas cosas que han pasado, independientemente de la capacidad empresarial. Porque yo que soy fanática de la política industrial y creo que todo gobierno tendría que tener una, digo que no hay política industrial que sobreviva a una mala macro, si tu macroeconomía es un electrocardiograma y un día abriste la frontera y otro día la cerraste, si un día hay acceso al dólar y otro día no lo hay, no importa cuál es la política industrial, no importa si hay política educativa, ninguna de esas políticas va a sobrevivir a una macroeconomía que no funciona. Ahora, una vez estabilizada la economía y teniendo una proyección de certidumbre, si no tenés política industrial, si no tenés política educativa, etcétera, no tenés país, no tenés hacia dónde ir. Esa es la estrategia de desarrollo.

JS: Me parece muy gráfico el ejemplo de esa curva cronológica que hacés, sin duda tiene que ver cómo le ha pasado a la Argentina en esas décadas y, sobre todo, cómo ha afectado en las curvas económicas.
Nosotros desde el movimiento obrero, básicamente casi te diría en su totalidad, tenemos una fuerte pelea con el concepto político de la reforma laboral. Y digo político antes que pragmático, porque te voy a preguntar tu opinión al respecto, pero quiero hacerte primero mi aclaración de lo que pienso sobre el concepto reforma laboral: para mí es un concepto político que ha quedado muy fuerte enraizado a partir de la propuesta del gobierno de Macri de hacer una reforma que fuera a la baja de los derechos y entonces cada vez que se nombra reforma laboral, inmediatamente un representante gremial o un trabajador piensa que efectivamente le van a quitar derechos. Muy por el contrario a lo que yo pienso, lo que piensan una gran cantidad de dirigentes compañeros, es que nosotros vivimos reformulando nuestros convenios colectivos y actualizándolos de tal manera que también son una suerte de no sé si llamarlo reforma pero sí reformulación, en tratar de que esa inversión que hace un empresario, en una actividad de seguros, en una actividad económica cualquiera, tenga también el reflejo de la propia modernidad del mundo laboral.
Para darte un ejemplo, en nuestra actividad de seguros fuimos el primer gremio que incorporó el home office en nuestro convenio colectivo y como eso, un montón de cuestiones. Ante eso viene la pregunta ¿Qué opinas sobre cómo tienen que manejarse las nuevas relaciones laborales en un mundo en el que se tecnifica todo muy rápidamente y muy dinámicamente?
CC: Bueno, me diste pie para responderte. Tengo varias cosas para decir al respecto, pero la primera y, diría, la sustancial es: hemos tenido distintos tipos de marcos normativos de cuestiones relacionadas a las relaciones laborales y no precisamente hubo necesidad de una reforma a la ley de contrato de trabajo para que se generaran puestos de trabajo en la economía formal, como sucedió por ejemplo entre el 2003 y, bueno no sé cuál es el pico máximo de empleo en el sector privado, creo que 2011; entonces lo primero que te diría es para que se cree trabajo en una economía nosotros tenemos que estar creciendo, tenemos que resolver pronto la inflación, tengo que darle estabilidad, tengo que tener acceso al mercado de cambio si quiero importar o exportar. Tienen que suceder un montón de cosas que nos permitan crecer. Los trabajos no salen de la normativa laboral. Los trabajos salen de una economía en crecimiento y necesidad de contratar gente.
Dicho todo esto, sí, hay dos o tres cuestiones que a mí me parecen fundamentales.Una ya la dijiste vos, podemos hacer un montón a través de los convenios colectivos de trabajo, que además si se negocian es porque la contraparte entiende que estamos yendo en el camino correcto y a cambio consigue algo, lo que sea que en ese momento se negocie. Hay convenios que se han logrado actualizar a lo largo de los años y hay otros que no. Ahí me parece que hay un lugar para que los que no se actualizaron todavía se actualicen. Nosotros en UOM estamos a la espera y estábamos en una mesa de negociación y yo espero que próximamente se pueda firmar un convenio nuevo porque nuestro convenio requiere actualizaciones. Es un convenio de la década del 70 y hay un montón de cuestiones que hacen al trabajo hoy en una fábrica que no se ven reflejados correctamente en ese convenio. Entonces lo primero es vayamos por los convenios colectivos de trabajo, modernicémoslos en un diálogo social negociado que necesariamente implica que como empresario yo voy a ganar algo y como trabajador vos vas a ganar algo. Y en esa negociación tenemos que encontrar el ganar-ganar. Y lo segundo, que te diría es mucho más importante que cualquier reforma de la ley de Contrato de Trabajo a la cual a priori no le veo un inconveniente per sé, es qué interpretación se hace de la ley de Contrato de Trabajo en el fuero laboral. Y ahí sí tenemos una cuestión para la cual no tengo respuesta, porque que la gran mayoría de los juicios laborales terminen en contra, si se quiere, de lo planteado por el sector empresario. Bueno, en una gran parte podía ser que realmente correspondía dar lugar a un planteo hecho por el trabajador. ¿En el 100% de los casos? Porque realmente en el fuero laboral es muy difícil para una empresa salir y yo creo que ahí el problema no es la ley de contrato de trabajo sino la interpretación que se hace de ella, porque sí genera, si se quiere, una cierta aprensión o un cierto miedo, sobre todo de empresas más chiquitas de poner en blanco, porque después si tengo un problema y termino en un juicio... Y después otro aspecto que no es menor, que lo debes haber escuchado, es la cuestión de las multas. Muchas veces se ha planteado desde distintos ámbitos, y yo estoy de acuerdo, que las multas que corresponden -porque si hay alguien que está en una situación irregular no es lo correcto -lo correcto es tener a la gente en blanco, pagando lo que hay que pagar, y si alguien comete un fraude en ese sentido al sistema debe ser penalizado. Ahora, esa multa tiene que volver al ANSES, tiene que volver a la Seguridad Social, tiene mucho más sentido, para hacer más inspecciones, para hacer más prevención, para un montón de acciones que se pueden hacer desde el Estado. Entonces me parece que con pequeñas cosas podemos negociadamente encontrar un punto en el cual digamos, “che, las relaciones laborales para el siglo XXI en la Argentina podrían ir por acá”. Pero vuelvo al inicio: si no crecemos, ¿de qué me sirve todo esto si no tengo a quién venderle mis productos?

JS: Está muy bien. Volviendo un poquito para atrás, vos crees que entonces el Estado en el empleo informal tiene mucho que ver. En el de promoción de políticas de producción, en el de políticas de inversión, en esa promoción estamos con un faltante desde hace muchísimo tiempo ¿No hay política para eso? ¿Cómo lo ves?
CC: No tenés nada ambicioso en términos fiscales para fomentar la inversión, con excepción de algunos regímenes que capaz sí tienen sus esquemas impositivos, pero no tenés nada a lo largo y ancho del territorio para todo tipo de empresas que quieran invertir en la Argentina, como sí tenés en otros lados. Entonces, no sólo tenés una carga impositiva para el que está en el sector formal (yo represento una empresa que está en el sector formal y paga sus impuestos y somos muchas, pero no somos todas, está claro) pero para el que está en el sector formal la carga impositiva es muy alta, 30 y pico por ciento de ganancias y otra serie de cargas y no tenés ningún aliciente a la parte de la inversión.
Y si vos te comparás con otros lados del mundo, no sólo la tasa de ganancia es igual o está un poquito por debajo, sino que tenés amortizaciones aceleradas, devolución de lo que sería un IVA, además de financiamiento, etcétera. Tenés incentivos para que esa empresa invierta y eso es necesario. Ahora, hago la misma aclaración que te hice con lo del trabajo: ¿Qué viene antes, el huevo o la gallina? Acá tengo una duda, con el trabajo me queda claro que no es que la relación laboral te impulsa a la contratación, es un marco de crecimiento económico y la mejor relación laboral posible para impulsar ¿Acá, es a partir de exenciones fiscales a la inversión que se genera el crecimiento económico o necesitas una economía que esté creciendo para que alguien quiera hundir capital, porque sabe que lo va a recuperar? Ahí creo que es más una cosa de círculo virtuoso, que necesitas las dos cosas en simultáneo. Entonces creo que hay una oportunidad para el próximo gobierno, que fomente las inversiones, sacándole carga fiscal, si hiciera algo que no iba a suceder, si era alguien que no te iba invertir y te vino invertir porque lo hiciste, esto es ganancia, no puede ser visto como un gasto.
JS: Te saco del tema específico de la inversión y de la economía y te llevo a algo que va mucho más allá de tu representatividad, pero sí tiene que ver con tu visión de mujer ¿Cómo ves el tema de la igualdad de género, el rol de la mujer en el de la representación empresaria y el rol de la mujer en general en la sociedad? ¿Están por un buen camino? ¿Creés que hay extremos que se han recorrido, que después buscarán su centro? Entre las preguntas te voy dando mi opinión…
CC: No sé si hay extremos. A mí me parece que no estamos bien. Si uno mira los últimos diez años la participación de la mujer en el mercado de trabajo no ha variado significativamente, que la cuestión de los cuidados sigue estando sobre la espalda de las mujeres en muchísima mayor medida que la de los hombres, o sea, estamos en una situación mala para la igualdad de oportunidades. También en un contexto que yo entiendo... Uno dice no ha crecido la participación de la mujer en el mercado del trabajo. Bueno, tenemos un trabajo que no creció directamente. Es una realidad, entonces difícilmente pueda la mujer mejorar su posición si ni siquiera se está creando empleo en el sector privado, empleo del formal. Insisto porque ya hemos visto que ahí hay crecimiento de monotributistas, hay crecimiento de empleo estatal. Hay crecimiento, otro tipo de empleo pero no tanto en el sector privado.
No estamos bien y como no estamos bien en el mercado del trabajo, no estamos bien en la representación. Dejo afuera el foro político que tiene cupo, paridad y un montón de leyes de acción afirmativa que ayudan a que en la política haya más mujeres. Así y todo son pocas la que tienen la birome para definir y las que están sentadas en la mesa del poder. Ahora son más, pero son pocas y en el mundo económico y del sector privado -y ahí yo nos interpelo sindicalismo y gremial empresaria- es difícil tener mujeres que tengan roles de representación, al sindicalismo se le pide un cupo del 30% ¿Cómo hace para cumplimentar con ese cupo cuando en el mercado de trabajo las mujeres representan menos del 30% y hay algunas ramas de actividad que ni siquiera son el 10%? Difícil.
Tenemos que arrancar para que haya representación en el sindicalismo y en la gremial, tienen que llegar las mujeres. Para que lleguen las mujeres tiene que estar el mercado del trabajo y que puedan hacer carrera. Para que estén en el mercado del trabajo y puedan hacer carrera, las tenemos que educar con capacidades técnicas que hoy no tienen muchas de ellas y les tenemos que solucionar las tareas de cuidado, porque si no es imposible. No están en igualdad de condiciones, disponen de menos horas para salir a trabajar. Es una cuestión súper compleja, no estamos bien definitivamente. Pero, otra vez, el vaso medio lleno porque quiero ser siempre optimista, esto está en la agenda. Y lo bueno es que desde hace algunos años estos son temas. Vos me estás preguntando por este tema y eso para mí habla de una tensión que está bueno que aflore y enhorabuena, que dentro de todas las cosas que tenemos que conversar y acordar y consensuar esté también un plan respecto de cómo hacemos para que la mujer tenga una igualdad de oportunidades que hoy no tiene.
JS: A veces los empresarios, no te lo voy a poner en rostro a vos, suelen decir que nosotros somos demasiado barulleros y que a veces somos demasiado varones a la hora de discutir, lo cual es cierto. Nosotros, en este gremio en particular, el 50% de los trabajadores son trabajadoras, hay un 50% de mujeres, y en toda la conducción de todo el país, el 50% de nuestros dirigentes son mujeres. No por la foto sino porque se dio el crecimiento, abrimos la puerta para que creciera y hay una representación genuina de eso.
Después, en la CGT también se abrió una nueva posibilidad de generar una cosecretaría respecto de que pudiera haber una paridad entre un varón y una mujer para transitar. Efectivamente, pienso igual que vos, que hay algunos indicios que van llevando a que eso vaya poniendo el tema en relevancia y que quizás en una generación posterior las cosas vayan sucediendo de una manera un poco más fluida que esto. Así que a mí me alegra mucho que representantes del género estén en algunos ambitos gremiales. Se que dejaste de estar en la UIA, pero eso para vos fue toda una experiencia también, porque fuiste la primera…
CC: Sí, fui la primera mujer en el Comité Ejecutivo. Cofundé el área de UIA joven, la presidí y sigo participando en la UIA. No tengo un rol esencial pero sigo estando cerca de la Unión Industrial Argentina, porque me parece que representa, de alguna manera, algo con lo cual yo estoy de acuerdo que es que en el país tiene que haber más industria, más sector productivo y que esos son sectores importantes en una estrategia de desarrollo.
JS: Estuviste en representación en la OIT, allí coincidimos, ahí se hablaron varios temas, pero siempre está dando vuelta la posibilidad de discutir desde hace mucho tiempo lo que venimos planteando: un nuevo contrato social. Porque definitivamente el capitalismo ha cambiado, las relaciones laborales han cambiado, las relaciones sociales han cambiado y post pandemia aún más todavía ¿Qué experiencia y que visión trajiste de ahí?
CC: Es muy interesante participar de la Conferencia de la OIT. Lo vengo haciendo desde hace ya varios años, desde el 2013 cuando fue mi primera conferencia. No fui a todas, pero fui a muchas. Y lo que me resulta más interesante es este contacto con lo que pasa en otros países y escuchar la voz de trabajadores, empresarios y gobiernos de distintos países y todas las problemáticas que tiene un continente como África y una Latinoamérica que no es Argentina, que tiene algunas particularidades. Me parece interesante, y creo que la OIT tiene un rol para cumplir en los próximos años muy importantes, porque cuando hace ya muchos años se fundó -de hecho la Argentina es parte fundante, está en la OIT desde hace muchísimos años y es interesante que mantengamos nuestra posición ahí ya que es un foro relevante- la OIT en un convenio determinó que se iba a trabajar ocho horas por día. No se iba a trabajar más 12, 14 horas; y si se trabajaba después de eso era voluntariamente, y había que pagar una hora extra, etc.. Todo eso que para nosotros es normal, hace 100 años en el mundo no era normal. Entonces la OIT está ahí y para mí el valor que tiene es para dar una conversación global en donde todos nos pongamos de acuerdo con un estándar o un piso. ¿Por qué es importante que todos nos pongamos de acuerdo? (A veces es la crítica que yo tengo a una Argentina que no piensa una estrategia de desarrollo, que no hace sustentable su situación fiscal, te puedo dar mil etcéteras, y sin embargo da un nuevo derecho). Porque siempre tuvimos y tenemos esa tensión de ser un país igualitario y de derechos y estoy de acuerdo con eso. Pero el punto es: cuando vos das más de lo que tu competitividad te permite y aquel al que le tenés que vender dio menos o dio más, pero tiene una situación de productividad determinada, se te complica. La Argentina no tiene que dejar de ver nunca que, además de un mercado interno súper importante, si queremos crecer de verdad y desarrollarnos, tenemos que lograr mercados de exportación. No hay manera de hacerlo de otra forma. La OIT ahí tiene un valor para mí, porque yo creo que hablando de la financiarización y todo lo que hablamos al inicio -la tecnología y demás-, en algún momento necesariamente va a tener que haber una conversación global sobre los pisos en términos de derechos laborales.
A mí me tocó una comisión en la cual Estados Unidos participaba activamente con los empresarios y el gobierno también. China estaba ausente de la conversación y también otros países estaban ausentes. Vos pensás es casi como ex profeso, vamos todos generando un piso derecho y hay tres o cuatro que se te escapan y hacen lo que quieren y después no podes competir porque tienen otros derechos, porque tienen otras condiciones. Yo he ido a las plantas que compiten contra mi producto en Tailandia, la gente no tiene ni un elemento de protección personal, he visto gente en ojotas adentro de plantas industriales; no quiero generalizar, hay tailandeses en tope de gama internacional, pero tenemos estas disparidades.
La OIT puede servir para esas discusiones y espero que en algún momento las de. Yo creo que va a haber una discusión, espero verla de acá a los próximos 20 o 30 años, sobre la cantidad de días que trabajemos. Esta va a ser una discusión y que las cuestiones tecnológicas también van a entrar. Pero soy muy consciente: nunca haría esta discusión yo solita y le diría a la Argentina mandate vos a ver qué no producimos No, paremos un poco, si tenemos el 50% de los chicos pobres, veamos cómo demonios hacemos una estrategia de desarrollo, empecemos a dar movilidad social ascendente y garantizamos los derechos que tenemos que no son pocos; porque también cuando uno va a esos foros y he tenido alguna conversación con algún colega sindicalista tuyo que me ha llegado a decir “y… la verdad que cuando uno mira el resto del mundo, mucho no nos podemos quejar”, lo cual no quiere decir que yo me quiero quedar con lo que tengo, no. Quiero que tengamos más derechos y que tengamos más movilidad social ascendente, pero eso hay que hacerlo en un contexto en donde tengamos en claro hacia dónde va la Argentina. Y yo creo que ése es un problema, no tenemos muy claro hacia dónde va.
JS: Está muy claro. En el ámbito internacional a la Argentina, por lo menos a los trabajadores, nos miran con sorpresa porque ven sindicatos muy fuertes, muy grandes, con mucha tasa de afiliación y con muchos derechos laborales comparativamente con otros. Y siempre nuestra respuesta es: porque pasó Perón. Nosotros siempre decimos lo mismo, acá los sindicatos tienen esa impronta, esa esencia, que todavía nos cuesta en muchos gremios llevar adelante, esa conciencia de clase trabajadora que hace que esa solidaridad permita generar la fortaleza para discutir en las tensiones propias con los empresarios, los intereses que representamos. Y del otro lado también se lleva adelante.
Para cerrar, Carolina, nosotros tenemos en la CGT una tríada que venimos sosteniendo hace mucho tiempo en la idea de encontrar en estas tres palabras “Desarrollo, producción y trabajo”, la posibilidad de consensuar un norte hacia las políticas que lleven adelante el país, políticas que no son solamente económicas como vos bien decías, sino también que tienen que ver con lo cultural, con lo educativo. Tenemos una currícula desde hace un siglo, tenemos que capacitar para los nuevos trabajos, tenemos que ver las nuevas modalidades. Lo que nos ha sucedido en todo este derrotero que llevamos, esta trilogía es que hemos encontrado mucha consonancia con el sector empresario y poca expectativa del lado de la política toda, si no la centro solamente en el Estado o en el poder ejecutivo o del legislativo nada más. ¿Qué mirada podés dar sobre esa necesidad de consenso como para cerrar esta charla?
CC: Coincido, fue como empezamos. Creo que hay un valor en el diálogo social, que la política esté más o menos dispuesta a escucharnos y también a consensuar un modelo de desarrollo. Es una realidad sobre la cual hay que trabajar lo más activamente posible y por eso me parece que es muy loable que haya espacios de formación, que haya intercambio, que sigamos trabajando temas juntos, que se trabajen temas a nivel sectorial también. Recientemente se trabajó mucho el sector automotriz, entre SMATA, UOM, las cámaras ADEFA, FACA, etc. Ese tipo de ejemplos nos tiene que servir para seguir mostrándole a la política, pero también a la sociedad finalmente, porque si la sociedad no compra la política no compra tampoco, que hay voluntad de acuerdo y de consensos y que nos podemos poner de acuerdo sobre bastante más de lo que capaz no estamos de acuerdo. Y eso es algo que me parece que falta todavía, un poco más de la conversación, de mostrar que hay lugares de acuerdo. Yo soy una recién llegada a la dirigencia empresarial, porque hay gente que tiene muchísimos más años que yo y más experiencia. Pero yo estoy dispuesta a dar estas conversaciones y a seguir creciendo en términos personales y gremiales para ser parte de esa conversación desde una visión positiva y constructiva. Porque creo, otra vez, que se nos viene una bisagra en términos tecnológicos y productivos, y que si la Argentina no se sube a este tren que va a pasar en los próximos años, y… capaz no se sube más. Y sería una picardía que no nos subamos al tren del desarrollo con todas las capacidades que tenemos.
