SONIDOS DEL ALMA
CULTURA Y MÚSICA EN SEGUROS

Escribe Lucas Di Marco

Porque la música te emociona, te enamora, te traslada a momentos, a lugares y nuestros artistas son especialistas en generar todo ese caudal de sensaciones únicas que acompañan el recorrido de nuestras vidas. El Sindicato del Seguro supo interpretar ese tiempo de recreación y esparcimiento que merecen sus trabajadoras/es siendo protagonista y parte de la cultura y la música popular.

Nuestro gremio ha manifestado compromiso con la cultura a través de las distintas épocas y gestiones. Un ejemplo claro fueron los festivales que se realizaban en el salón de actos del edificio sito en calle Suipacha 137, 2do piso. Los trabajadores y trabajadoras de Seguros colmaban la capacidad del legendario salón los viernes por la tarde noche. A las 20hs era la hora clave para culminar un viernes, luego de toda una semana laboral con la idea de empalmar con los horarios de salida de las compañías aseguradoras del centro porteño. Una práctica social sumamente integradora y en línea con el fortalecimiento de la tradición popular que se expresa en esos eventos con la sana finalidad de brindar alegría, diversión, disfrute y buena onda.
Durante toda la década del 80 se promovieron eventos musicales de los distintos géneros populares argentinos: peñas folclóricas, recitales de rock, jazz y tango. Todos organizados por la Secretaría de la Juventud de entonces y representaban auténticas fiestas de la cultura popular dentro un espacio del Sindicalismo argentino.
La década del ‘70 y los años 80 fueron sumamente movilizantes para la juventud argentina, antes de la dictadura la participación de los movimientos juveniles fue notoria y determinante por su militancia política, pero además por su vinculación con el comienzo del rock nacional, el fortalecimiento de los conjuntos folclóricos y la música popular en general. Durante el proceso militar, esos años oscuros que transitó el país, los jóvenes sufrieron momentos de mucha angustia, persecución, desaparición, censura cultural, prohibiendo libertades y formas de expresión .
Cuando se recupera la democracia, en 1983, aflora un tiempo de reencuentro en el que las y los jóvenes pueden regresar libremente a participar de los conciertos multitudinarios y las concentraciones masivas, en las distintas provincias y sus respectivos festivales.

Desde nuestro gremio se intentó siempre salvaguardar a los artistas nacionales, en sus distintos géneros y estilos, convocándolos a realizar sus recitales, espectáculos y shows en el salón de actos del edificio de Suipacha. Era la actividad de los viernes para los trabajadores y las trabajadoras de seguros amantes de la música, la poesía y las danzas. Desde la Secretaría de Prensa, Cultura y Capacitación se dictaban clases de danzas folklóricas, canto, talleres de poesía, entre otras actividades que tenían la particularidad de cerrar sus ciclos educativos presentando sus performances en espectáculos que terminaban siendo multitudinarias, concursos de poemas a puro baile y mucho encuentro. La hermosa posibilidad de compartir con tus compañeros de la empresa, beber una copa, celebrar la vida, disfrutar de grandes artistas y brindar por la amistad… Sí, sí, todo eso en tu sindicato, con los tuyos.
Dentro esa lógica, en los años 70 los emblemáticos Chalchaleros realizaron un concierto por sus 30 años de historia. A su vez, el tango también tuvo su gala con el gran Aníbal Troilo, que deslumbró a los espectadores que vibraron con su mítico bandoneón.

En el año 1986 se organizó un evento musical solidario con el objetivo de colaborar con los afectados por las inundaciones de la provincia del Chaco. La entrada consistía en un alimento no perecedero, ropa para chicos, calzado, frazadas y medicamentos. Contó con la presentación de grupos musicales que se sumaron a la movida para ayudar. Al año siguiente se recibió la primavera con un acontecimiento para el recuerdo de toda la familia del seguro: el gran Litto Nebbia brindó un recital con piano y guitarra sellando una noche increíble con la energía única de sus canciones. Ese mismo año también se presentaron figuras como Teresa Parodi y el cantor José Colángelo, entre otros.

Anibal Troilo, década del 70, Sindicato del Seguro

El rock nacional, vanguardia cultural argenta
Este género musical argentino ha contribuido a la cultura popular en su conjunto desde sus canciones, versos plenos de belleza y cargados de sentido; poemas de amor y poder simbólico. También por sus melodías que quedan guardadas en la memoria. Este concepto, a su vez, abarca diferentes vertientes de lo que podemos llamar rock nacional, sus distintos palos y tribus, que desde su estética y sus vivencias han aportado un fuerte bagaje de identidad y significación. En palabras más simples, un seguidor de Tan Biónica nada tiene que ver con uno del Indio Solari; o una seguidora de Almafuerte tendrá casi ninguna similitud a una fan de Babasónicos. Estas cuatro personas tendrán vidas y gustos diferentes pero convergen dentro de un gran movimiento, el de la cultura rock, una de las más influyentes que tiene nuestro país. Argentina es el octavo país en cuanto a dimensiones, tan grande y tan diverso; modismos, hábitos, berretines y expresiones regionales han determinado a las distintas generaciones, dándole forma y moldeando una cultura. Lo representativo del rock tuvo sus inicios desde distintos lugares del conurbano bonaerense, como la Cofradía de la Flor Solar en La Plata, allá por los 70 donde confluyen el Indio Solari y Skay conformando los Redonditos de Ricota, con una innovadora fuerza creativa y paracultural en sus discos.

En la ciudad de Buenos Aires, en la década de del 60, con la pionera canción La Balsa, autoría de Tanguito (Jose Alberto Iglesias) pero interpretada y popularizada por Litto Nebbia con su banda Los Gatos. Luego Manal, la legendaria banda de Javier Martínez, dando el puntapié junto al gran Norberto Pappo Napolitano con su inigualable destreza para ejecutar la guitarra. Sin olvidarnos del impresionante aporte creativo del gran Charly García con sus bandas célebres Sui Generis, Serú Girán y otras. O la Trova Rosarina, que incorporó la novedad musical de Rosario, en la década de los 80, de la mano de Juan Carlos Baglietto, Fito Páez y Silvina Garré. La instrumental, lírica y poética obra de Luis Alberto Spinetta junto a todas las grandes bandas que surgieron en los 90 que llenaron estadios de fútbol, hasta la última banda under que se replica por redes sociales o grupos de whatsapp. Las mujeres también aportaron sus talentos como Celeste Carballo, Fabiana Cantilo, Hilda Lizarazu, entre otras. Todo ese bagaje socio-cultural que conforman la fuerza de esas canciones, cargadas de conceptos, de vivencias, de historias de vida, de amores y desamores. Los problemas sociales, lo que faltaba o lo que no se ve ni se explica, lo que nunca hubo y lo que tendría que tener, una infinidad de subjetividades e inquietudes que siguen conformando cultura, que siguen reviviendo palabras, olores, ruidos y texturas.

Esas composiciones viven, sienten, respiran y siguen siendo el alimento preferido para el alma de nuestros abuelos y abuelas, padres y madres, hijos e hijas de esta Argentina. Es por esto y todas esas noches felices que nos hicieron vivir y lo seguirán haciendo, que también merecen el reconocimiento emocional del pueblo argentino.