En sus primeros 10 meses el gobierno de Javier Milei cumplió con la mayoría de las promesas que realizó durante su campaña electoral, en el marco de lo que él considera la “batalla cultural” contra la “ideología de género”. Desde luego, ninguna a nuestro favor.
A pocos días de asumir, convirtió al Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades en una subsecretaría bajo la órbita del Ministerio de Justicia, hasta que definitivamente lo disolvió, dejando a más de 800 personas sin trabajo –en su mayoría mujeres– en un contexto de un 150% de inflación y más de un millón de personas desocupadas.
Esta parecía la peor de las noticias, pero sus planes también incluyeron el avance en el desfinanciamiento de los programas públicos de prevención, sanción y erradicación de la violencia de género.
Primero, desmanteló la línea 144, que asiste a personas en situación de violencia de género, reduciendo casi un 30% el presupuesto y despidiendo a casi el 40% de su personal, razón por la cual sus operadoras están desbordadas y no alcanzan a responder las numerosas llamadas que reciben a diario.
Luego, recortó más del 80% el fondo del Programa Acompañar, que brinda ayuda económica a las víctimas para que logren salir del círculo de violencia. Si comparamos, en 2023 un total de 34 mil mujeres tuvieron acceso a este programa mientras que en estos últimos meses solamente 434 personas lo recibieron.

En la era Milei no hay proyectos ni programas de prevención, de asistencia ni acompañamiento a las víctimas y sus familiares, ni tampoco políticas vinculadas a la igualdad y la diversidad. Sus decisiones son nocivas, regresivas y están cargadas de un fuerte impacto simbólico, como el cambio de nombre del Salón de las Mujeres en la Casa Rosada, que fue anunciado horas antes de la movilización del 8 de marzo por el Día de la Mujer, o la eliminación del lenguaje inclusivo en la administración pública. Ataca todos los frentes del feminismo popular, gestado en las calles, en las villas, en los clubes y en los sindicatos. Las líderes de los comedores y los merenderos resisten en los territorios más aislados y conflictivos de Argentina dado que el gobierno ya no envía alimentos y el Ministerio de Capital Humano aún retiene toneladas de comida.


No olvidemos que Intentó ponerle fin a la jubilación por ama de casa, cuya moratoria permitió a 440.000 mujeres jubilarse pese a no haber completado los aportes previsionales, y probablemente proceda en contra del derecho que más nos ha costado conquistar: la Interrupción voluntaria del embarazo (IVE).
En tan solo 10 meses este gobierno dejó en claro que no nos representa, no gobierna para nosotras y tampoco nos reconoce a las mujeres como un actor más de la política.
Los feminismos, y las mujeres en general, estamos atravesando tal vez la peor de las etapas en estos 40 años de democracia, aunque lejos de nuestras intenciones está tolerar que todo lo que hemos conseguido progresar y transformar en materia de derechos, y que ahora se nos está arrebatando, caiga en el olvido.
Más de una vez la historia ha demostrado que las luchas sociales tienen el poder de recuperar lo perdido, y el trayecto de nuestro movimiento anticipa que en algún futuro volverá hacia nosotras. Es por esto que el llamado a la resistencia se vuelve más urgente que nunca, en nuestro deber está seguir alzando nuestras voces, seguir organizándonos y seguir llenado las calles porque una vez que se inicia una revolución jamás vuelve hacia atrás.
